Ácido hialurónico en los pies: el tratamiento que promete usar tacones sin dolor
Un procedimiento que ya es habitual en el rostro gana terreno en Estados Unidos y Europa como solución para el dolor que dejan horas con tacón alto
El tratamiento promete aliviar el dolor de pies luego de usar zapatos de tacón alto Crédito: Africa Studio | Shutterstock
Inyectar ácido hialurónico, el mismo relleno que se usa habitualmente en el rostro, directamente en la almohadilla del pie es un tratamiento que crece en popularidad dentro de la medicina estética en Estados Unidos.
La técnica, que hasta hace poco era casi desconocida fuera de los consultorios de podología, se ofrece incluso en algunos salones de manicura y pedicura del país, según reportó la revista SELF.
En qué consiste el procedimiento
El tratamiento no se limita a una sola sustancia. Además del ácido hialurónico, que aporta volumen y actúa como amortiguador, algunos especialistas utilizan hidroxiapatita de calcio, el mismo componente del producto conocido como Radiess, que añade firmeza y estimula la producción de colágeno.
Una tercera opción, cada vez más solicitada, consiste en inyectar grasa extraída del propio cuerpo de la paciente.
La podóloga Anne Sharkey, de Soley Podiatry en Austin, Texas, explicó a SELF que la grasa propia tiene una ventaja particular donde el organismo la reconoce y reconstruye alrededor de ella parte de la almohadilla natural, lo que prolonga el efecto del tratamiento.
Mientras el ácido hialurónico suele requerir un retoque entre los seis y los nueve meses, los injertos de grasa pueden mantener su efecto hasta por dos años, de acuerdo con la misma fuente.
Un procedimiento avalado por la ciencia
La eficacia del procedimiento no se sostiene solo en testimonios. Una investigación pequeña sobre dolor en la zona metatarsal reveló que medio grupo de pacientes quedó completamente libre de dolor al cabo de seis meses, y el resto pudo tolerar considerablemente más tiempo de uso de tacones que antes de someterse al procedimiento.
En otro estudio distinto, esta vez con pacientes tratados con grasa propia, la mejoría promedio del dolor superó el 70%, medida casi dos años después de la inyección.
Pese a estos resultados, los especialistas son claros al indicar que el tratamiento no devuelve el pie a su estado original, sino que busca acercarlo lo más posible a una sensación de normalidad.
Un procedimiento más delicado de lo que parece
Aunque cada vez más clínicas estéticas lo ofrecen, Ben Pearl, podólogo de Arlington Foot and Ankle en Arlington, Virginia. advirtió a SELF que no cualquier profesional está preparado para aplicarlo.
A diferencia de una inyección facial, este procedimiento exige conocer con precisión los puntos de presión del pie, ya que la piel en esa zona es considerablemente más gruesa que la del rostro. Por eso, en su propia práctica, Pearl se apoya en imágenes de ecografía antes de aplicar cada inyección, una forma de asegurarse de que el producto quede exactamente donde el pie lo necesita.
Cuánto cuesta y si lo cubre el seguro
El precio varía según la cantidad de producto necesaria y la marca utilizada. Como referencia de uso estético facial, la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos ubica el costo promedio de un tratamiento con ácido hialurónico en $715 dólares, y en $901 dólares para rellenos no hialurónicos como Radiesse o Sculptra. En el caso de los pies, la cantidad de producto necesaria suele ser mayor, por lo que el costo final tiende a ser más alto.
La cobertura de seguro médico, además, es poco probable. Mark Welter, directivo de la firma de gestión sanitaria Welter Healthcare Partners, explicó a SELF que, aunque el procedimiento no es estrictamente cosmético, muchas aseguradoras lo clasifican como electivo y no lo consideran médicamente necesario.
Alternativas más económicas para el dolor de pies
Para quienes no pueden costear el tratamiento, la solución no tiene que empezar necesariamente en una jeringa.
El propio calzado es un buen punto de partida al saber elegir zapatos con suela más amortiguada y renovarlos con cierta frecuencia, ya que ese acolchado también se desgasta con el uso, reduce buena parte del impacto que recibe el pie a diario. A eso se le puede sumar un refuerzo específico dentro del zapato, como plantillas o taloneras de venta libre en cualquier farmacia.
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