Cómo deben ser los zapatos planos para que no te duelan los pies: 5 datos prácticos
La ausencia de soporte estructural obliga al pie a trabajar el doble, lo que puede derivar en fascitis plantar, dolor en el talón y lesiones articulares
El zapato plano perfecto no existe, pero el zapato plano que no te hace daño sí. Crédito: Shutterstock
Hay una idea preconcebida que indica que un zapato plano, por el hecho de ser plano, es cómodo, pero en realidad es lo contrario, ya que este tipo de calzado, junto con las chanclas, es uno de los que más problemas generan en el pie cuando no están bien diseñados.
Debido a la ausencia de tacón y de soporte estructural, los zapatos bajos obligan al pie a trabajar el doble, lo que puede derivar en fascitis plantar, dolor en el talón, calambres y lesiones articulares. Esto no quiere decir que debamos renunciar a ellos, sino en saber elegir los adecuados para llevarlos todo el día sin arrepentirte.
El soporte del arco no es negociable
Un zapato plano sin soporte de arco es un zapato que abandona al pie a su suerte. Cuando el arco no recibe sujeción, la fascia plantar, ese tejido fibroso que va del talón a los dedos, se estira más de la cuenta y se inflama ocasionando ese dolor punzante que aparece al dar los primeros pasos de la mañana.
La podóloga Anne Sharkey, de Solely Podiatry, indica priorizar el soporte sobre la suavidad al buscar zapatos con soporte de arco incorporado, suela acolchada (nunca endeble) y un talón que sujete el pie sin deslizarse.
Entre tanto, el traumatólogo Cristián Ortiz, de la Clínica Universidad de los Andes, añade que la suela debe ser firme y flexible a la vez, para permitir el movimiento natural del pie sin sacrificar la amortiguación.
Por ello, al momento de comprar zapatos bajos, se debe tener en cuenta términos como «soporte de arco», «plantilla moldeada» o «suela biomecánica, los cuales suelen indicar que el fabricante ha invertido en estructura y no solo en estética.
Qué buscar en un zapato bajo
1. La suela debe tener un poco de tacón
Un zapato sin nada de elevación aumenta la tensión en los músculos de la pantorrilla y el tendón de Aquiles. La recomendación de los especialistas es que el zapato debe tener un tacón de al menos un par de centímetros, idealmente entre 0.5 y 4 centímetros, para mantener una alineación natural del pie y reducir la presión sobre el metatarso.
Según el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS), los zapatos planos tradicionales suelen tener un tacón de entre 0 y 10 milímetros, siendo el más común de unos 8 milímetros. Otras guías del NHS recomiendan un tacón de entre 15 y 30 milímetros para un ajuste más cómodo y una mejor distribución del peso
Un truco práctico es que si el zapato es completamente plano y no tiene ni un milímetro de elevación en el talón, probablemente no sea la mejor opción para caminar largas distancias.
2. La puntera debe ser ancha y redondeada
La podóloga Sindhu Srinivas, cirujana podiátrica de Northside Podiatry, señala que una puntera ancha o redondeada es esencial para dar espacio a los dedos y reducir la presión excesiva sobre el antepié.
La guía de podología del NHS británico detalla que debe haber aproximadamente 1 centímetro de espacio entre el dedo más largo y el interior del zapato, y el pie no debe sentirse constreñido ni sobresalir por los lados de la plantilla y la puntera debe tener forma de pie, no de lápiz.
La prueba rápida es comparar la plantilla del zapato con la forma de tu propio pie. Si la plantilla tiene una forma que no se parece a un pie, el zapato no es para ti.
3. La flexibilidad tiene un límite
Un zapato plano demasiado rígido es incómodo, pero uno demasiado flexible tampoco sirve, por ello se debe tener en cuenta el punto de flexión que esté en la zona de los metatarsos, donde el pie se dobla naturalmente al caminar, no en el centro del zapato.
La prueba del doblez es sujetar el zapato con ambas manos y doblarlo por la zona donde el pie se flexiona al caminar. Si se dobla con facilidad excesiva, como si pudieras enrollarlo, no ofrece el soporte necesario. Si no se dobla nada, es demasiado rígido.
4. El talón debe quedar firme y sin deslizarse
El contrafuerte, la parte rígida que envuelve el talón, debe sujetar el pie para evitar que se deslice hacia delante. El NHS advierte que si un zapato se sale del talón, no es un buen ajuste.
5. El material debe dejar respirar al pie
El cuero es el material más recomendado por los especialistas. Al ser flexible y poroso, se adapta a la forma del pie y permite que la piel transpire, evitando malos olores y la aparición de hongos. Los materiales sintéticos rígidos, en cambio, pueden generar roces, ampollas y puntos de presión.
Si el zapato es de un material que no respira, el pie suda, se hincha y el zapato que al principio quedaba bien empieza a apretar.
Cómo comprobar si un zapato plano es realmente cómodo
Antes de comprar, hay tres pruebas que puedes hacer en la propia tienda:
- La prueba del dedo: verifica que hay al menos un centímetro de espacio entre el dedo más largo y la punta del zapato.
- La prueba del doblez: dobla el zapato por donde el pie se flexiona naturalmente. Si se dobla como una tortilla, es demasiado blando. Si no se dobla nada, es demasiado rígido.
- La prueba del talón: camina unos pasos. Si el talón se levanta del zapato o se desliza, el ajuste no es el correcto.
Un buen zapato plano no debería requerir un período de adaptación doloroso. El podiatra Brad Schaeffer, de Sole Podiatry NYC, recomienda buscar zapatos que mantengan el pie en una posición neutral, especialmente para quienes tienen fascitis plantar o problemas de arco.
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