Cómo recuperar y fortalecer las uñas después de quitarte el gel o los jelly tips
El verdadero causante de la fragilidad de tus uñas no siempre es el producto, sino la forma en que se retira
La forma en que retiras tus uñas postizas influye más de lo que crees en el daño que queda. Crédito: Shutterstock
Uñas finas, que se doblan al tacto, con la superficie áspera o pequeñas capas que se levantan es la escena habitual después de quitarse un gel, un acrílico o unos jelly tips que duraron semanas pegados.
Ese daño, en la mayoría de los casos, es temporal y reversible. Lo mejor para acortar el proceso de recuperación está tanto en entender qué lo causó como en sostener algunos hábitos simples durante las semanas siguientes.
Por qué las uñas quedan debilitadas
Contrario a lo que muchas personas piensan, el desgaste no proviene únicamente de usar el producto durante varias semanas, sino sobre todo de cómo se retira.
La dermatóloga Shari Lipner, de la Academia Americana de Dermatología, señala que despegar o arrancar el esmalte de gel en lugar de dejarlo desprenderse de forma controlada es uno de los principales responsables del daño a la lámina ungueal.
A eso se suma el efecto resecante de la acetona, necesaria para disolver el gel o el acrílico, y el limado, a veces demasiado agresivo, que se usa para retirar el brillo antes de aplicar el removedor.
La diferencia entre el gel y los jelly tips a la hora de retirarlos
No todas las uñas postizas se comportan igual al quitarlas. El gel y el acrílico duro suelen requerir un remojo en acetona más el uso de una lima, un proceso que reseca la uña natural con cada aplicación.
Los jelly tips, en cambio, suelen colocarse con cintas o tabs adhesivos, no siempre con un pegamento que se cura bajo luz UV, y su remoción estándar es mucho más sencilla. Sólo basta con sumergir los dedos en agua tibia con jabón durante unos minutos y desprender la uña con un movimiento suave de lado a lado, sin necesidad de acetona.
Retirados de esta forma, los jelly tips tienden a dejar un daño menor que el gel duro. El problema aparece cuando se arrancan sin ese remojo previo, lo que puede levantar capas de la uña natural junto con el postizo.
El primer paso: darle un descanso a la uña
Antes de pensar en tratamientos, lo más recomendable es dejar la uña sin esmalte, ni siquiera una base, durante al menos una semana, según coinciden distintas fuentes especializadas en cuidado de manos. Ese respiro permite que la superficie de la uña, que suele quedar más porosa y sensible tras el proceso de retiro, comience a recuperarse sin la exposición constante a nuevos químicos.
Es importante tener presente que una uña dañada no se «cura» de un día para otro. Como toda su superficie visible es tejido ya formado, la recuperación real avanza al ritmo del propio crecimiento, que toma varios meses en completarse por completo desde la base hasta la punta.
Rutina diaria para acelerar la recuperación
El aceite de cutícula es, según coinciden marcas especializadas como Essie y Structure Nail, uno de los gestos más simples y efectivos. Se debe aplicar a diario sobre la base de la uña ayuda para devolverle elasticidad y frenar la aparición de grietas. Aceites como el de almendra, jojoba o argán cumplen bien esa función y son fáciles de conseguir.
Sumar un endurecedor o fortalecedor de uñas a la rutina, formulado con calcio, queratina o proteínas, también ayuda a reforzar la estructura mientras la uña natural se recupera. En paralelo, conviene proteger las manos de los químicos agresivos: usar guantes para lavar platos o limpiar la casa reduce la exposición a detergentes que resecan aún más una uña ya sensibilizada.
Qué evitar durante la recuperación
Además de posponer una nueva manicura de gel o acrílico mientras dure este proceso, conviene desconfiar de remedios caseros sin respaldo, especialmente aquellos que combinan ingredientes irritantes como ajo, agua oxigenada o jugo de limón directamente sobre la uña y la cutícula.
Este tipo de mezclas circula con frecuencia en redes e internet, pero no cuenta con evidencia dermatológica que respalde su eficacia, y algunos de sus componentes pueden generar más irritación que beneficio en una zona ya sensible.
Recuperar unas uñas debilitadas no exige procedimientos complicados, sino paciencia y constancia, ya que un buen descanso, hidratación diaria y protección frente a los químicos suelen ser suficientes para que, en unas pocas semanas, la uña recupere su fuerza y grosor habituales.
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